Hoy me decidí a pasear sin saber la que iba a caer. En el camino hacia la playa me sorprendió un buen chaparrón que estuvo a punto de hacerme desistir, menos mal que no fue así. Como observaréis en la fotos el sol salió, tímido al principio, y me acompañó un buen trecho.
Y para finalizar, parece que este tiovivo no viene a cuento... ¿no? A ver que opináis: mi llegada a la playa de hoy me resultó algo muy agradable. Era como una especie de metáfora de la vida misma, una chaparrón y luego el sol, el paseo, la brisa en la cara... Me recordó la foto que tomé hace poco con el móvil en uno de mis paseos por Cádiz con mi compañera Alinanda, concretamente en la plaza de San Antonio. Para mí el carrusel es algo que tiene connotaciones de felicidad y de alegría infantil, algo que es posible que me haya imbuido la canción de Serrat "El carrusel del Furo". Pues bien, para to@s aquell@s que estén pasando por malos momentos les voy a dedicar esta canción. Pincha en el carrusel o tiovivo y oirás una sorpresita. Por favor, tomatazos no.
(Pon el sonido y pincha en el tiovivo)
El carrusel del Furo (J. M. Serrat)
Cuando la llama de la fe se apaga, y los doctores
no hallen la causa de su mal, señoras y señores
sigan la senda de los niños y el perfume a churros
que en una nube
de algodón dulce
le espera el Furo.
Goce la posibilidad de alborotar el barrio...
Por tres pesetas puede ser bombero voluntario
o galopar en sube y baja el mundo en un potrillo.
Dos colorados
tengo
y uno tordillo.
Suba usted, señor.
Anímese.
Cuelgue el pellejo en la acera.
Súbase
al tordillo de madera.
Y olvídese
de lo que fue y de qué modo
y cuélguese
en la magia de pasar de todo.
Móntese en el carrusel del Furo...
Súbase...
Dos boletos por un duro.
No se sorprenda si al girar, la luna le hace un guiño,
que un par de vueltas le dirán cómo alucina un niño.
Le aplaudirán desde un balcón geranios y claveles
y unos ojos
que le llenaron
de cascabeles.
Enfúndese en los pantalones largos de su hermano
y en la primera bocanada de humo americano
y el aire será más azul y la noche más corta.
Si no le cura,
al menos,
le reconforta.
Señor...
Anímese.
Cuelgue el pellejo en la acera.
Súbase
al tordillo de madera.
Y olvídese
de lo que fue y de qué modo
y cuélguese
en la magia de pasar de todo.
Móntese en el carrusel del Furo...
Súbase...
Dos boletos por un duro.