miércoles, 19 de junio de 2013

La despedregadora (2)



Este amanecer, como cada día, ha pasado la máquina despredegadora por la playa. Sin testigos, ha recogido conchas de especies extintas, piedras planas con forma de pie, de hipopótamo, de pistola y de argumentos viriles. Ha destrozado las gafas que perdió ayer una niña holandesa, ha removido 35 euros en monedas, ha roto en varios trozos la estatuilla fenicia que un comerciante ofreció a Melkart desde su nave, ha doblado tres palas y nueve rastrillos de plástico y ha pasado sobre un marrajo medio seco que ha quedado con la boca abierta y mirando cómo se alejaba la máquina. La arena ha quedado limpia y recién peinada, como una niña antigua a la que llevaran a misa. Pura y vacía.  

4 comentarios:

Pedro dijo...

Precioso, ¡quien la despeinara!

Carmen dijo...

Menos mal que tardamos poco en despeinarla de nuevo, lo que pasa es que quién arregla las gafas, quién desdobla las palas, quien le cirra la boca al marrajo medio seco...

Como todo lo puro, y todo lo vacío, no me gusta. Pero tu texto es exquisito.

Erna Ehlert dijo...

Que pena!!!

Destrozar de esta manera a los tesoritos.

Alinando dijo...

Cuando se camina mucho por la playa en invierno y en verano se llega a ver la importancia de este ecosistema. Las aves y otros seres son sus verdaderos habitantes, no nosotros. En verano arrasamos incluso cuando las limpiamos, qué contradicción. Pedro, Carmen, Erna, gracias por vuestro paseo.