jueves, 17 de octubre de 2013

Anclas y pinos

 
 
 
 
Hoy he paseado por los alrededores del puerto pesquero de Conil de la Frontera. Allí, en al desembocadura del río Roche, donde se unen el mar y los pinares, están los almacenes y oficinas de la almadraba. Las redes que conforman el copo, esa especie de laberinto en el que terminan encerrados los atunes, se sujetan al fondo con gran cantidad de pesadas anclas. No son instalaciones fijas, se montan y desmontan con cada paso migratorio de los atunes. Mientras tanto se depositan junto al almacén de la almadraba, como podéis observar en la segunda foto, en una especie de batallón disciplinado esperando las órdenes de la batalla submarina.
 
 

 
 
 
Cuando observo una catedral, un puente romano, cualquier otro monumento u objeto que haya requerido un gran esfuerzo, pienso siempre en las gentes sencillas que trabajaron allí y en las penurias que pasaron. Me imagino sus vidas, sus relaciones, sus comidas entre esfuerzo y esfuerzo. Pienso en sus sueños, sus amores... Y estos objetos varados, clavados en la arena por su propio peso, no son una excepción, son otro monumento al trabajo duro de la mar. Os dejo con un poema de Pablo Neruda:
 
 
 
Oda al ancla
 
Estuvo allí, un pesado
fragmento fugitivo,
cuando murió la nave
la dejaron
allí, sobre la arena,
ella no tiene muerte:
polvo de sal en su esqueleto,
tiempo en la cruz de su esperanza,
se fue oxidando como la herradura
lejos de su caballo,
cayó el olvido en su soberanía.

...



Pablo Neruda

 
Dedico esta entrada a las componentes del Club de Lecturas Café con Letras de la Cruz Roja de Chiclana.
 
 
 
 

3 comentarios:

Luciérnagacuriosa dijo...

Se me antoja corto Antonio, eso no se jase!! Precioso de nuevo.

Alinando dijo...

jajaja... No te preocupes Luz, la próxima vez me esmeraré un poquito más. La costa es inmensa, hay para mucho más.

Erna Ehlert dijo...

Precioso!

He visto toda una extensión de anclas allí y no se me olvida la impresión.

Saludos