martes, 10 de agosto de 2010

Rosario, Chano, las olas y el iPhone.

A Rosario y a Chano les gusta la playa. No tienen muchas ocasiones de disfrutarla, pero cuando lo hacen ponen todo su empeño para que nada se lo estropee. Ella se levantó temprano hoy. Mientras cuajaba la tortilla a fuego lento limpió la nevera escrupulosamente con un chorrito de lejía y la llenó de botellines de Cruzcampo muy fríos, un melón y poca cosa más. A Chano le fastidia el trasiego de gente en las zonas más populares de la Barrosa, así que siempre que puede se coloca frente a los lujosos hoteles de Novo Sancti Petri. Conoce un pasadizo casi secreto por dónde acceder a la playa entre palmeras y césped. Rosario y Chano apenas se cruzan con algún que otro turista con meybas de color rosa o azul celeste y señoras con lentejuelas colgándole del sombrero. Llegan a un sitio tranquilo junto a unas dunas, su sitio, el sitio al que accedieron en Mobylette mil y una veces y en el que pelaron la pava antes de que los hoteles que ahora les rodean estuvieran siquiera dibujados en un plano. Se hablan poco sin estar enfadados, no necesitan muchas palabras. Chano coloca en el suelo la nevera y luego la sombrilla dándole sombra. Se quita el único botón de la camisa a la altura de su ombligo, mira a su alrededor enseñando el colmillo de oro y se da dos palmadas en la oronda barriga, como diciendo “ya está aquí Chano”. A rosario le hace falta poco para disfrutar en la playa: un Diez Minutos o el Pronto, una cervecita de vez en cuando, su sillita y, con la puesta de sol en ciernes, su paquete de pipas.

Hoy acompaña el tiempo, hace calor y el levante se ha calmado un poco a pesar de que está subiendo la marea. Hay muy poca gente a su alrededor. Una chica joven y delgada llega con una hamaca plegable. Deja su bolsa de playa sobre la arena y se sienta entre ellos y la orilla. Chano sonríe para sí, Rosario no tanto, sabe que él no es muy descarado, pero ya conoce demasiado bien sus gustos. La chica se desnuda y, como Rosario había previsto, deja lucir un cuerpo bello, moreno, sano… joven. Chano comienza a lamentarse de la cercanía de la chica, está seguro de que tendrá que disimular durante horas, mantener el tipo, desviar la mirada por no extasiarse con tanta turgencia y tan estrecho tanga. Es educado, no pecará de descarado, pero el no haber visto a una mujer desnuda, incluso en el cine, hasta que no cumplió los veintidós años de edad le pasa aún factura erótico-emocional. La chica se tumba sobre la hamaca cerrando los ojos. El sol parece despechado y arrima carbón a su caldera.

Un hombre joven con bañador naranja y un pequeño cocodrilo en la pernera se les acerca con determinación. Lleva una toalla del hotel Iberostar en el hombro y tabaco y móvil en la mano derecha. Mira de reojo a la nevera azul de Rosario y Chano, la única en aquella zona. Es lógica su extrañeza; bufé libre y chiringuitos de hotel no casan mucho con aquella imagen tan campechana. Se tumba sobre la toalla a escasos cinco metros a pesar del espacio vacío a su alrededor. No se protege del sol, ya está más que bronceado pero parece mantener un pulso con el lorenzo. Pocos minutos después se le acerca una mujer y se tumba a su lado. Cuchichean, miran a Rosario y a Chano. Estos se dan cuenta pero no hacen caso, ni siquiera hablan entre ellos del descaro de la pareja. Rosario se enfrasca de nuevo en su Diez Minutos. Chano se da cuenta de que están hablando con cierta sorna de su nevera. Les mira, luego la abre y saca de ella un botellín helado y sudando gotitas de condensación. Quita la chapa de la botella con el filo de su silla, sin mirarla, como quien abre un cacahuete, y bebe con cara de satisfacción sin quitar los ojos de la pareja. Los rostros antes burlones cambian de expresión y se vuelven ridículos.

La marea sigue subiendo. No se sabe si es el tiempo el que pasa rápidamente o es el oleaje quien aligera el paso. La última andanada de olas llega a dos metros escasos del bolso de la chica solitaria dormida. Chano sabe que si no la avisa a tiempo se le mojará. Espera que se dé cuenta ella misma, no le apetece trastabillarse hablando a una chica guapa mientras ella le observa fíjamente a través de sus pezones. Aún tiene tiempo, seguirá atento mientras se tumba sobre la arena.
Su bañador ancho con rayas marrones ya no tiene braguero, sucumbió a los lavados y tantos años de sal y sudor. Al tumbarse, desde la posición de la pareja, se le puede apreciar sin esfuerzo el conjunto peludo y oscuro de sus atributos masculinos. La visión no pasa desapercibida y los tortolitos comienzan de nuevo su cuchicheo mofante. Chano y Rosario se dan cuenta de nuevo. No dicen nada.

Él se levanta y se sienta de nuevo en la silla.
Una ola se acerca hasta medio metro de la bolsa de la chica solitaria. Chano sabe que en tres olas más se mojará. Una, dos… salta raudo y la levanta al tiempo que la ola sobrepasa por debajo la hamaca de la bella durmiente. Ella despierta con un susto y se dirije a Chano como quien le agradece a un bombero haberle sacado de un fuego asesino. La pareja ha observado la escena y continúa con su complicidad cuchicheante.

La tarde camina lenta como la marea. Parece que las olas calman su ímpetu conquistador y dejan de avanzar, pero es más por la inclinación de esa parte de la arena que por otra cosa. Chano conoce bien las treguas maliciosas de la marea y comienza a edificar un muro de arena con sus pies alrededor de la sombrilla. Por parte de la pareja, aún más sorna. Suena el móvil del joven cuchicheante. Una retahíla de nombres extraños y en voz muy alta consigue vencer al murmullo de las olas.

- Sí, en el IBEX, pero no compres… déjales que ofrezcan antes… No, eso lo dijo el Economist, pero no está contrastado… sí, a cinco ochenta la acción… es que estoy en la playa… por supuesto, luego te llamo…

Cuando termina de hablar mira sonriente a Chano y a Rosario y deja su iPhone 4 sobre la toalla. No es una sonrisa cordial. Chano lo sabe, pero repite cervecita fría sin cambiar de gesto.

Pasan los minutos. Avanza la tarde y la pareja mirona y cuchicheante se queda dormida sobre sus toallas. Las olas comienzan a rozar la muralla de Chano y este se esmera en rehacerla. La siguiente ola se acerca a dos cuartas de la pareja joven. Chano mira de reojo. Les quedan tres olas… piensa. Se vuelve de nuevo hacia su muro de arena con las manos en la espalda y cuenta… una, dos, tres… Cuando se vuelve hacia la pareja lo hace con expresión tranquila, con los párpados a mitad de las pupilas, como quien ve volar a una gaviota tranquilamente. La ola arrasa a las toallas y a los cuchicheantes y casi puede oírse el chirriar del agua helada sobre sus ardientes cuerpos. Saltan asustados, les ha despertado la fría sorpresa. El hombre busca su iPhone 4 de pantalla grande, grita, la ola se lo ha llevado unos metros… corre… lo levanta chorreando… le quita la batería… sus nerviosas manos no atinan y el agua salada, mortífero elemento para todo lo electrónico, entra hasta las entrañas del iPhone 4. De repente se tranquiliza. Ya está perdido. Lentamente levanta la cabeza hasta la sombrilla a escasos metros de él. Chano ya no le mira, tan sólo abre su nevera, saca dos botellines helados y los abre con el filo de su silla, como quien abre dos cacahuetes, y le da uno de ellos a Rosario. Ella lo coge sin mirarle, no quita ojo de su Diez Minutos pero a pesar de ello atina a chocar su botellín contra el de Chano. Chinchín.

18 comentarios:

Melkar dijo...

iPhone? Me quedo con el Botellín de Cruzcampo!!!! Oleee y chinchin.

Carmen dijo...

jaja, ole Chano y Rosario y ole las olas de la barrosa que barren las cosas que no valen pa ná. Has explicado tan bien la situación, que yo aquí como estoy sentá en el sofá de mi casa, me he llenao to los pies de salitre y arena.

Espero que estéis pasando un buen verano, besos para Mari y para ti.

Alinando dijo...

jejeje... ¿A que dan ganas de que vengan muchas olas así? Gracias Carmen, saluda tú tambien a la familia de mi parte. Y disfruta del veranito, aunque creo que no eres muy playera. ;-)

Melkart, algún dia tenía que venir el merecido homenaje a tu dios: el botellín de Cruzcampo... jejeje.

genialsiempre dijo...

Es que me lo estoy saboreando. Que rica tiene que estar esa cervecita, después de tamaño suceso!

María Dolores dijo...

Hola a todos, me encantan vuestros comentarios pero yo me voy a hacer crítica literaria por iniciativa propia: ¡Vaya pedazo de narración!, la visualización es perfecta y has metido cuñitas de prosa poética.

Yo con mis debidos respetos a la cerveza cruzcampo, creo que más que una cerveza esto se merece champán francés. Lo retiro, la cervecita está muy buena.

Ha vuelto Alinando con sus alinandeces.

Me ha gustado tanto que necesitaría siete folios y se me acaba de ir terminando éste. ¿Qué no son folios? Pues si tú te llamas Alinando, vaya usted a saber quiénes son Rosario y Chano y en que estado estaba el bañador. yo imagino también.

Enhorabuena y bienvenido al mundo de tus letras que como siempren despiertan el interés en un despliegue de palabras que construyen hermosas frases con las que haces que algo normal resulte de lo más interesante.

¿Cuándo nos tomamos todos la cruzcampo?

Besos a todos,

Loli.

Anónimo dijo...

Taquillero: Alguien dijo que la venganza se sirve en botellín frio.¿Es así la frase...o no?

Alinando dijo...

jajajaja... ¡Si no era así debería serlo, y más con estas calores!

Rosa Campos Gómez dijo...

¡Has sabido decir una buena lección de la naturaleza!

Alinando dijo...

Gracias Rosa, se ve que sigues un poco enganchada a Cádiz, y me alegro. Gracias por tu paso por la orilla de este blog y sobre todo por tus palabras.

tangai dijo...

¡La de cosas que pasan en la playa! Sólo es cuestión de fijarse un poco. ¿Aprendería la lección el economista? ¿volverá a traer junto al mar el "ipone"?
Me quedo con la incognita.
Este relato me ha encantado, enganchan los personajes y va subiendo el interés junto con la marea. Yo me acompañé con una sonrisa burlona mientras leía, sabía que tenías preparado un final genial para los socarrones turistas.
¡Ele!

Anónimo dijo...

phone-tetillas-tangas-cervecitas-olas-arena-pringaos y resbalaos---

La playa es un universo y tú lo observas...fita

Gitana dijo...

Me hubiera encantado vivir en primera persona esta historia, pero lo has relatado tan bien, que parecía estar allí, cinco metros más a la derecha de Rosario, con mi libro de verano, el de todos los veranos, ese de Mendicutti, el de la "mala noche", mi, también, botellín de cruzcampo, que llevo cada verano en mi trasnochada nevera de Astilleros (de cuando estos eran los Españoles), mi sombrero,...y a disfrutar de la estampa, hechando una vista de reojo de vez en cuando a mi alrededor, a ver quien me llama la atención tanto como para reinventarlo en mi vieja libreta de viaje.

Gracias por estas entradas tan refrescantes. La poca conexión estival con este mundo paralelo, la hago a traves de tu blog ;).

Besos y que tus olas nos sigan mojando los pies.

Alinando dijo...

Oscar, Carmen, José María, Loli, Rosa, Chari, Fita, Gitana... tener aquí vuestras cariñosas palabras es como teneros bajo una sombrilla con los cachetes colorados de solecito, los pies empanados de arena y con una cervecita fría en la mano. Gracias y abrazos a tod@s.

Alinando dijo...

Ah, se me olvidaba el anónimo que siempre me llama "taquillero". Jejeje... Un abrazo también para tan misterioso seguidor, a quien por cierto le estoy cogiendo cariño. ;-)

Gitana dijo...

Y digo yo......ya, por curiosidad...¿Fuiste taquillero en algún momento de tu vida?....

Anónimo dijo...

Gitana, antes que nada un consejo: no vayas en estos días por la France de Sarkozy.
Yo le llamo a Don Alinando taquillero, porque en una de las entradas de su blog, hizo mención a que lo había sido en tiempos remotos.No tengo el gusto de conocerle, pero por lo mucho que sabe,y el anecdotario que saca en sus relatos, me imagino que ha de ser un señor muy mayor.Espero que algún día alguien me lo presente conocerle

Gitana dijo...

Querido/a "anónimo", gracias por tu consejo.
Nuestro Alinando, o Alinandito, como algunos le llamamos, puede ser tan niño o tan viejo como uno quiera. A veces te lo puedes imaginar jugando a las canicas en el patio, lleno de churretes y despeinado; otras, sentado en el portón de la casa, en una vieja silla y recordando sus ocheta y tantos...

Saludos!

Anónimo dijo...

Hola gitana y anónimo:

Me suscribo totalmente a las palabras de gitana, no ha podido hacer mejor definición de Alinandito y Alinando.

Me hace ilusión ser yo anónim@ también, pero si anónimo se identifica me identificaré.

Cuidemos todos a Alinandito y respetemos a Alinando, de alguna manera ha conseguido formar parte de nuestras vidas.

Anónim@.